El fusil Mauser de calibre 7,92 milímetros fue el arma individual de más frecuente uso durante la Guerra Civil Española, tanto en el Ejército Republicano como en Ejercito Nacionalista.
De razonable precisión, permitía que un tirador avezado lograra buenos blancos a distancias de 200 o 300 metros; pero una respiración mal contenida, un inesperado reflejo luminoso que dificultase la perfecta alineación entre el ojo del tirador, el alza y el punto de mira o una mínima vacilación en el momento de apretar el disparador podía originar que dicho tirador no acertase, quizás por unos pocos centímetros, en el blanco deseado.
Si alguna de esas circunstancias se hubiera dado en la mañana del 4 de febrero de 1939, la historia de Torre Arias hubiera seguido muy distintos rumbos y la Quinta de Canillejas no pertenecería hoy, seguramente, al pueblo de Madrid.


I.- EL HIJO DE LA "NANNY"
Al amanecer del 26 de enero de 1939 el Ejercito del General Franco tomaba Barcelona, bajando a la ciudad por las laderas del Tibidabo y pocos días después, el primero de febrero, las tropas del general García Valiño toman Vic, capital de la comarca de Osona.
El día 4 de este mismo mes, en lo que en términos baloncestísticos podríamos llamar los "minutos basura" de la terrible y fratricida guerra que asoló España de 1936 a 1939, un joven de apenas 20 años de edad, falangista jefe de centuria y Cabo de Artillería, moría en las cercanías de esa localidad barcelonesa a consecuencia del disparo de un francotirador, de un "paco", que agotaba sus últimos ardores republicanos cazando a algún desprevenido y alegre vencedor.
Ese joven, casi un adolescente, tenía un nombre, Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno y Seebacher y era el único hijo varón del Marqués de Santa Marta y nieto, y en su día heredero, de uno de los títulos de más lustre y renombre en la corte de la secular monarquía derrocada en abril de 1931, apenas ocho años antes: el Condado de Torre Arias, amén del citado Marquesado de Santa Marta y del Marquesado de La Torre de Esteban Hambrán.

Nota: Pulsando sobre la imagen de la esquela se abrirá una ventana auxiliar con una detallada descripción del árbol genealógico de nuestro protagonista (gentileza de Salustiano García del Puerto, del Foro Dinastías). Pulsando sobre la imagen de la sepultura, algo más abajo, se abrira una ventana auxiliar con una pequeña descripción de "quien es quien" en la familia Torre Arias al tiempo en que ocurrieron estos hechos.
La vida de Alfonso fue complicada, incluso antes de nacer.

Su padre, Alfonso, de muy pocas luces y menos encanto humano y personal, dejo embarazada a la niñera de sus pequeños sobrinos, hijos de su hermana María Concepción, Condesa de Quintanilla, que en 1914 había contraído matrimonio con Luis de Figueroa y Alonso-Martínez, Conde de Velayos e hijo primogénito del todopoderoso Álvaro de Figueroa, primer Conde de Romanones, tres veces Presidente del Consejo de Ministros y detentador repetidas veces de cualquier tipo de cartera que se terciase en los numerosos y cambiantes gobiernos de la época.

¿Y quién era esa niñera, esa "nanny" encargada de ayudar en la educación y en el aprendizaje del idioma alemán de los dos nietos mayores, niña y niño, Isabel y Luis, del todopoderoso Romanones y del riquísimo y cortesano Conde de Torre Arias, el rey del "turf" madrileño que paseaba orgulloso los domingos de primavera a sus triunfantes purasangres en el "paddok" del exclusivo Hipódromo de la Zarzuela?
Esa "nanny" era Anna Juliana Seebacher Muller, miembro de una familia austro alemana que por alguna u otra causa pasaban épocas veraniegas en Biarritz, ciudad a la que la familia Torre Arias, como muchas otras de la aristocracia eran muy asiduas en el verano, huyendo de los calores de Madrid y alternando las estancias en la villa francesa con otras en la cosmopolita, elegante y próxima ciudad de San Sebastián.

Como ya hemos dicho, María Concepción, nacida en 1896, había contraído matrimonio con el hijo mayor, y heredero del título nobiliario de Conde de Romanones en Madrid, el 29 de enero de 1914, en un enlace que reunió a la "créme de la créme" de la sociedad aristocrática española.

En 1916 nació su primogénita Isabel (futura Duquesa de Tamames), en 1918 Luis (futuro III Conde de Romanones y marido de la "Condesa Espia", Alice Griffith) y más tarde, en 1920, su tercera y última hija, Casilda.
Previamente al nacimiento de Luis, sucedido el 20 de noviembre 1918, la familia decidió contratar a una "nanny" para ayudar en la crianza y educación de los dos primogénitos, así como para el aprendizaje del idioma alemán, y así lo hicieron durante su previa estancia veraniega en San Sebastián y Biarritz. Nos encontramos por tanto, en el otoño de 1918 en Madrid con todos los personajes del psicodrama.

Por una parte La Corona, con sus rígidas normas de gobierno sobre una poderosa e influyente, por su poder económico clase aristocrática, por otra parte la alta sociedad madrileña, hipócrita y poco dada a soportar, al menos oficialmente, los "pecados de la carne".
Y, finalmente, las dos marionetas humanas que se moverían arrastradas por los vientos que esos poderes facticos levantarán ante cualquier transgresión de sus farisaicas normas: el atontado joven, menos joven ya pues nació en Biarritz el 30 de julio de 1890 y la dulce, inexperta y expatriada "nanny", inerme ante los encantos, aunque estos fueran más que dudosos, del heredero de una inmensa fortuna y de numerosos títulos nobiliarios, alguno de ellos con Grandeza de España.
Se da además la circunstancia de que el matrimonio de Luis y María Concepción vivía con los Condes de Torre Arias, padres de ella, y con sus hermanos Alfonso y Narciso, en el Palacio de Santo Mauro circunstancia que ahora pasamos a comentar, apoyados en la triple imagen que sigue a estas líneas.
La familia del sexto Conde de Torre Arias, abuelo de Alfonso, poseía una gran casa-palacio -del linaje Santa Marta- en la calle de San Bernardo (fotografía de la izquierda), pero el caserón se había ido quedando poco a poco desactualizado para las exigencias de comodidad que se ya se imponían a principios del siglo XX, por lo que planificó la construcción de otra casa palacio que pudiera albergar a toda la familia, los padres y los tres hijos (Alfonso, Narciso y María Concepción), con sus futuras familias A efectos de ello encargó a su amigo y arquitecto Cesar Cort la redacción de un proyecto que en su día fructificó en el edificio que podemos ver en la imagen derecha, Paseo del General Martínez Campos 25, hoy 27 y propiedad actual de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y que está arrendado, desde hace muchísimos años, a organismos dependientes del Ministerio de Justicia, hoy concretamente al Tribunal Superior de Justicia de Madrid . Pero todo ello es motivo de otra historia, que en su día desgranaremos.
Mientras tanto y dada no ya la amistad si no también el parentesco familiar que unía al VI Conde con el Duque de Santo Mauro y con el Marques de la Torrecilla a través de los linajes de los Salabert y los Medinaceli, la familia se instaló provisionalmente en el Palacio de Santo Mauro, que podemos ver en la imagen central, situado en la elegante calle de Zurbano del madrileño barrio de Chamberí.

Este edificio es hoy el lujoso Hotel de Santo Mauro, de cinco estrellas y uno de los más prestigiosos y lujosos de la capital de España y de él salió la comitiva que llevo a Concepción a la iglesia de San Fermín de los Navarros, para contraer matrimonio con el primogénito del Conde de Romanones.
Podemos imaginarnos el escándalo, aunque este fuera "sotto voce" que debió recorrer la sociedad aristocrática madrileña. El hijo mayor y heredero de uno de los títulos nobiliarios con más lustre y renombre en la Corte, el hijo de María de los Dolores de Salabert y Arteaga, Dama de la Reina, el sobrino del Marques de Torrecilla, Jefe Superior de Palacio y Mayordomo Mayor de Su Majestad, el sobrino del Duque de Santo Mauro… que más decir… y además único cuñado del heredero del Conde de Romanones, dejando embarazada a la "nanny" de su hermana. A la "nanny", en definitiva a la niñera, en definitiva, aunque le pusiéramos nombres ingleses para que sonara mejor, a un miembro de la servidumbre...
El tema se complicaba aún más pues al ser Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno el heredero de un título nobiliario con Grandeza de España tenía que ser el Rey el que concediera permiso para la celebración del matrimonio. No conocemos con detalle como actuó la familia, pero todo parece indicar que Alfonso y Anna Juliana fueron alejados a San Sebastián y Biarritz a la espera de que naciera el niño y se pudiera ir arreglando y superando tan incómoda y poco deseada situación.

El niño, "el hijo de la nanny", nació a muy finales de 1918 o muy principios de 1919, no hemos podido conocer la fecha exacta, dada la nula información que al respecto hay en los periódicos de la época. Hubo que esperar hasta el 9 de julio de 1920, cuando el niño Alfonso tenía ya año y medio de edad para que la Casa Real concediese la preceptiva licencia matrimonial.
La boda debió celebrarse algún día, en algún sitio, a alguna hora, oficiada por algún sacerdote y testificada por algún, o algunos testigos, suponemos. Quizás asistió algun o algunos invitados, no lo sabemos y posiblemente no lo sabremos nunca. No se encuentra referencia alguna acerca de ello, solo algún suelto en algún periódico o revista de segunda línea, en donde ni siquiera el nombre de la novia aparece escrito correctamente…

… Juliana Sabachez y Muller… ¡¡ pobre "nanny" !! …

Nada que ver con la boda de su hermana Concepción con el Romanones unos pocos años antes: carroza de la Real Casa, iglesia de San Fermín de los Navarros, banquete en el Palacio de Santa Marta, visita a S.M los Reyes Alfonso y Victoria en el Palacio Real al terminar la ceremonia religiosa….
Poco o nada sabemos de la vida de la, primero simple pareja, más tarde matrimonio de Alfonso y Anna Juliana, ni de la primera educación del niño Alfonso.
En los periódicos de la época solo aparecen, muy de tarde en tarde, brevísimos sueltos como los reproducidos debajo de estas líneas, en donde se confirma que viven en San Sebastián, o Biarritz, y que Alfonso padre, Marqués de Santa Marta, hace breves viajes a la capital, posiblemente para cumplir las formalidades en el caso del fallecimiento de algún pariente cercano, como el de su tío el Marques de la Torrecilla, viaje que vemos reflejado en la breve nota de El Imparcial, ya en el mes de marzo de 1925, cuando el niño Alfonso tenía ya seis años de edad.

Solo hemos podido encontrar un elemento grafico en que la imagen de Alfonso padre aparece. Es con motivo de la muerte en acción de guerra de su hermano menor Narciso, ocurrida durante la Guerra de África, en la cercanías de Melilla, en el combate de Azugaj. Narciso fue gravísimamente herido el día 9 de enero de 1922 y falleció al día siguiente, 10 de enero.
En la fotografía que hemos logrado rescatar referida al embarque del féretro de Narciso en un vapor para su traslado a Madrid, podemos ver al abuelo del niño Idelfonso, VI Conde de Torre Arias (cabeza contorneada en color azul), al padre, Alfonso (cabeza contorneada en color rojo) y al general Sanjurjo, a la sazón jefe del Ejército en el Norte de África (cabeza contorneada en color verde.

El feretro llegó a Madrid en un vagón especial del expreso de Andalucía, en la mañana del día 15 de enero, domingo, y el sepelio, presidido por un militar de alta graduación, en representación de S.M el Rey Don Alfonso XIII, aparte logicamente de la presidencia familiar, finalizo en el panteón familiar que el Marquesado de Santa Marta posee en el cementerio madrileño de la Sacramental de San Isidro.
¿Cual fue la vida en esta época de la familia Pérez de Guzmán el Bueno-Seebacher?

No existen muchos datos y solo podemos imaginarla, utilizando nuestra propia lógica. Sí sabemos que tanto la educación del niño Alfonso como la de su hermana Tatiana, nacida cinco años más tarde, se realizó en la casa, sin acudir a colegios, seguramente para preservar a los niños de la habladurías y crueldades tan fáciles de ocurrir en los colegios, por muy alto "standing" que estos tuvieran (ahora le llamamos "bulling" escolar).
Lo que sí está constatado es que a partir de 1924, en que los Condes de Torre Arias dispusieron ya de su casa-palacio en Martinez Campos 25, la familia se agrupó en dicho edificio, que como sabemos disponía de una vivienda palaciega en la primera planta y tres viviendas adicionales, para los tres hijos de la familia. Desgraciadamente su sueño no pudo ser realizado al completo por la muerte de Narciso, previamente comentada.
Pero en 1929 ocurre un hecho que había de modificar la estructura familiar de los Torre Arias y que había de dar compañía infantil hasta los entonces solitarios hijos de Anna Juliana Seebacher Muller, Alfonso y Tatiana.
Pasamos a comentarlo.
En el verano de 1927 Concepción -Condesa de Velayos- fallece en accidente automovilístico y muy pronto sus tres hijos, Isabel, Luis y Casilda pasan a vivir con sus abuelos maternos. La razón para ello es que el hijo mayor de Romanones prontamente contrae nuevo matrimonio con Blanca María de Borbón y de León, nacida en 1898. Este enlace tuvo lugar justo dos años después de la muerte de Concepción. Estas prisas por contraer nuevo matrimonio fueron muy mal recibidas por la familia Torre Arias, que a partir de ese hecho tuvo solo una gélida relación con su antiguo yerno. Fruto de esta frialdad se produce la circunstancia, arriba mencionada, de que padre e hijos no vivieran bajo el mismo techo, lo que parece que hubiera sido lo más lógico.

Sabemos que al vivir juntos y ser prácticamente de la misma edad, Luis, que sería tercer Conde de Romanones y Alfonso -nuestro protagonista- fueron además de primos carnales, muy, muy amigos. Ambos recibirían juntos en el palacio de Martínez Campos la noticia del asesinato de su abuelo, el VI Conde de Torre Arias, a manos de un grupo de republicanos incontrolados el día 26 de julio de 1936, días después del inicio de la Guerra Civil.
Iniciada la Guerra Civil el resto de la familia pudo trasladarse a Biarritz, por uno u otro procedimiento, poco después a San Sebastián cuando la ciudad fue tomada por las tropas nacionalistas, a mediados de septiembre, sin ningún tipo de resistencia ni por parte de fuerzas residuales leales a la República y ni de los "gudaris" del PNV.
A partir de este momento, con un Alfonso ya adolescente y con fuertes convicciones falangistas y pro-alemanas, como atestigua la cruz gamada grabada en su lápida funeraria, llegará el momento en que se alista en el ejercito del General Franco, no sabemos con exactitud en que fechas; muy posiblemente a partir de los inicios del año 1937 (al cumplir los 18 años) y participará en una guerra que le lleva a la muerte, tras una vida tan breve como posiblemente infeliz.
Como hemos especificado al inicio de esta página, Alfonso muere en Vic, el día 4 de febrero de 1939, víctima del disparo de un francotirador republicano. Apenas 20 años recien cumplidos.....
El cadaver no puede ser trasladado a Madrid, aún en poder del bando republicano, para darle sepultura en el panteón familiar de la Sacramental de San Isidro y se adquiere una sepultura, de características normales, en el Cementerio Municipal de Polloe, en San Sebastián, concretamente en la Calle San Francisco, sepultura número 89, en donde se da final descanso al joven y casi anónimo Alfoso Pérez de Guzman y Seebacher, el hijo de la "nanny".....
En la lápida de la sepultura de Alfonso, en la parte inferior, aparece grabado el siguiente lema:
"Praeferre Patriam Liberis Parentem Decet", (Un padre debe anteponer la patria a los hijos).
La sentencia parafrasea el verso 332 de la tragedia "Agamemnon" de Séneca, donde el autor latino de origen bético pone en boca de del rey Agamenón la frase (Un rey debe anteponer la patria a los hijos).
Este es el lema senequiano de los Guzmanes andaluces y la casa de Medina Sidonia lo incorpora a su escudo para recordar que en el asedio de Tarifa, en los años finales del siglo XIII, apresaron al hijo de Alfonso Pérez Guzmán, apodado el Bueno, que en el momento en que los sitiadores le ofrecen la vida de su hijo a cambio de las llaves de la fortaleza, rechaza dicha oferta e incluso les arroja un puñal, desde las almenas, por si aquellos no tenían con que cumplir su amenaza.

Pero poco hay aquí de la tragedia de Seneca. Ni el Marqués de Santa Marta era el atribulado rey micénico, ni la triste muerte del joven Alfonso salvó ninguna patria. Esta muerte solo acabó con una vida de tristeza y desarraigo, pero que de haber continuado posiblemente hubiera podido desarrollarse de forma más libre y normal, reventados ya los absurdos corsés de una Corte tan inutil como hipócrita y corrupta.

Podemos aquí, para terminar, recordar la frase del inmortal Goethe que nos sirve a modo de genérico slogan y que figura en la portada de esta WEB: "Wo viel Licht ist, ist starker Schatten"
Cuando hay mucha luz, siempre hay profundas sombras