- Pequeña (y posiblemente innecesaria) introducción -


El día 22 de octubre de 1977 fallecía en Madrid el VII Conde de Torre Arias, Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno y Salabert. En su esquela, publicada el día 28 del mismo mes en el diario ABC de Madrid y bajo las letras Q.S.G.H (aclaramos para los no iniciados que estas iniciales sustituyen a la frase “Que Santa Gloria Haya) figuraba la lista de familiares y deudos, no demasiado larga. En ella y en primer lugar aparece su viuda, en los términos que podemos leer en el breve recorte del original que incluimos sobre estas líneas.
¿Quien era María Belén Ortiz de Urquijo, la nueva marquesa viuda y nueva condesa viuda?. Mucho nos tememos que de ella nadie, o casi nadie, conocía nada, o casi nada…
Es por ello que vamos a intentar saber algo sobre ella, repetimos: algo...
- Poniéndonos en situación. Una boda de prestigio -

En Madrid el día 30 de abril de 1942, jueves, poco más ó menos que al mediodía y en la ya clásica iglesia de San Fermín de los Navarros, situada en el antiguo Paseo del Cisne hoy calle Eduardo Dato, se daba cita lo más granado de la sociedad madrileña, realmente de la sociedad española, para asistir al enlace matrimonial entre Don Francisco de Ussía y Gavaldá y la señorita Casilda Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno. Pero lean ustedes mismos -bajo estas líneas- la noticia en el suelto de "ECOS DE SOCIEDAD" que publicaba el diario ABC al día siguiente de la boda y así nos libran de una molesta transcripción.
Pero… ¿Quiénes son los contrayentes?

De una parte Francisco de Ussía y Gavaldá, nacido en marzo de 1914. Era hijo de José Luis de Ussía y Cubas, I Conde de los Gaitanes y hermano menor de Luis de Ussía y Gavaldá, II Conde de los Gaitanes, que años más tarde adquiriría gran notoriedad por haber sido durante largo tiempo el "representante" de Don Juan de Borbón en el interior de España cuando el padre del Rey Emérito estaba en el exilio.
Al inicio de la Guerra Civil Francisco era alférez de complemento en el Grupo de Alumbrado nº 1. El 18 de julio de 1936 fue uno de los pocos supervivientes del famoso asedio al Cuartel de la Montaña, en Madrid.
En la fotografía, de excepcional oportunidad, situada bajo estas líneas podemos verle momentos antes de escapar del Cuartel, huyendo de la matanza que en esos mismos instantes estaba acabando con casi todos sus compañeros. Se ha despojado de su guerrera y convence a los milicianos de que él también es "rojo".
Parece ser que con posterioridad pudo refugiarse en alguna embajada.
Se presento en la zona nacionalista en 1937 y fue zapador en Teruel, en las filas del Cuerpo de Ejército de Castilla. Pasó posteriormente a la Legión, a la Bandera de Carros de Combate, participando en operaciones en Cataluña y en Andalucía. A principios de 1939 es promovido al empleo de Teniente de Complemento.
En julio de 1941 se alista a la División Azul, en donde se le destina a una compañía de cañones anticarro. Pero presenta problemas de tipo cardíaco poco después de haber participado en la célebres operaciones de Possad que se desarrollaron durante el asedio alemán a Leningrado, la actual San Petersburgo; todo ello a finales de ese mismo año 1941.
Con motivo de dichos problemas médicos ha de ser ingresado en un hospital de campaña y tras su paso por varias instalaciones hospitalarias, ya en la retaguardia, es diagnosticado de una severa afección cardíaca y declarado como no apto para el servicio por el correspondiente tribunal médico-militar.
Es por ello que nuestro joven divisionario es repatriado a España al inicio del mes de febrero de 1942, no sin que antes el general alemán Friedrich-Wilhelm von Chappuis (comandante del XXXVIII Korps de la Wehrmacht, en el que se integraba la División Azul) le impusiera la Cruz de Hierro de 2ª clase.
Poco más de dos meses después de su vuelta a España se celebra la boda que aquí estamos comentando.
La novia, de apenas 22 años de edad, no es otra que Casilda Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno, Alonso-Martínez y Salabert. Es la hija menor del que fue matrimonio entre el Conde de Velayos y la Condesa de Quintanilla. Un hogar en el que la "nanny" de sus dos hermanos mayores fue Anna Seebacher Muller, madre de Tatiana y protagonista femenina del escándalo cortesano ya repetidamente conocido por nuestros lectores.
Casilda había recibido su nombre de pila en homenaje a su abuela paterna Casilda Alonso-Martínez y Martín, esposa del primer Conde de Romanones.
Como es ya sabido, el Conde de Velayos era el primogénito y heredero del citado Conde de Romanones y la figura de la Condesa de Quintanilla -la bella y "estilosa" María Concepción- no es necesario descubrirla para los que hayan tenido la paciencia de leer alguna de las anteriores entradas de esta WEB.
En una revista de la época de las denominadas como "De Sociedad" podemos leer su comentario sobre el vestido que lucía la nueva desposada, cuya fotografía podemos ver a la derecha de estas líneas.
"Armonía y sobriedad regia la de este modelo de novia en glasé blanco de corpiño ajustado y amplia falda que termina en una larga cola. El velo, de un tul finísimo, está sujeto por un lazo de raso blanco. Ramo de mouguet".
Si leemos con detalle el "Eco de Sociedad" veremos que entre los que firmaron como testigos por parte de la novia figuraba el Marqués de Santa Marta, al que conocemos más por otro de sus títulos nobiliarios, el de Conde de Torre Arias, nuestro "Conde gris sobre fondo obscuro", tío carnal de la desposada.
Concluida la ceremonia (dice el suelto) todos los invitados se trasladaron al antiguo Palacio de Romanones, situado en el Paseo de la Castellana en la confluencia con la calle de Juan Bravo, palacio hoy ya desaparecido y en donde es seguro que se sirvió un espléndido ágape.
Entre los numerosos invitados a la boda es normal que figuraran, por las razones que más adelante apuntamos, el financiero vasco José Ortiz Muriel, al que le acompañarían su esposa María Urquijo Zubiaga y la menor de sus cuatro hijas, de nombre Belén, nuestra actual protagonista.

Con estos datos preliminares podemos ya entrar ¡¡por fin!! en la propia materia de esta página….
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IX.- "EXCELENTÍSIMA SEÑORA CONDESA VIUDA DE TORRE ARIAS"

La relación entre las familias Ortiz Muriel y Ussía y Cubas proviene de unos profundos lazos económicos que vamos a intentar explicar con claridad lo más brevemente posible.
La familia de José Ortiz Muriel y su hermano Pedro, originalmente oriunda de Amorebieta, y que previamente había probado fortuna en Méjico concretamente en San Luis de Potosí, se había instalado posteriormente en las Islas Filipinas, gestionando una gran hacienda denominada "La Hacienda Carmen" dedicada al cultivo de la caña de azúcar. La finca estaba situada en la zona de La Carlota al norte de la isla de Negros, en el centro del archipiélago.
Poco antes o después de la independencia de Filipinas -a finales del año 1898- liquidan el negocio vendiéndolo a una compañía norteamericana y retornan a España con una más que considerable fortuna, instalándose José en Gordejuela, localidad de la provincia de Bilbao situada a pocos kilómetros de Amorebieta, de donde -como hemos dicho- la familia era originalmente oriunda.
José construye -o compra- una de las famosas "Casas de Indiano" de la citada localidad (hoy Gordexola), muchas de las cuales han llegado en buen estado a nuestros días y están aún normalmente habitadas.
Entre los años de 1914 y 1918, la Primera Guerra Mundial da origen a una coyuntura sumamente favorable para la minería del carbón. Se fundan en Vizcaya nuevas sociedades, entre ellas una en la que financieros de Madrid y de Bilbao, capitaneados por los hermanos José Luis y Francisco de Ussía y Cubas (Conde de los Gaitanes y Marqués de Aldama respectivamente) constituyen, a finales de 1918, la Sociedad Minero Siderúrgica de Ponferrada con un capital social inicial de treinta millones de pesetas.
A la iniciativa, que al final congrega a un total de siete importantes capitalistas, se unen los hermanos Ortiz y Muriel, que buscaban oportunidades para invertir las importantes sumas obtenidas por su desinversión en las Filipinas.
Ambos hermanos ya habían realizado algunas inversiones de gran importancia en concesiones de ferrocarriles y de terrenos con posibilidad de ser objeto de explotación minera, fundamentalmente en el área de Villablino.
Poco después de su constitución la antedicha sociedad integra al Ferrocarril de Villablino a Ponferrada que inicialmente era una concesión personal a favor de Pedro Ortiz y Muriel. Del inicio de su actividad aportamos la curiosa fotografía que aparece a la derecha de estas líneas.

José Ortiz en lo religioso era persona de profundas convicciones católicas y en lo político no podía ocultar su simpatía por posturas moderadas de carácter nacionalista. Por sus convicciones religiosas muy pronto, a su llegada a Bilbao, toma contacto con José María de Urquijo e Ybarra, de parecida edad y del que se daba la circunstancia de que la esposa de José Ortiz -María Urquijo Zubiaga- era lejana pariente a través de una rama de los Urquijo que había emigrado a Filipinas a mediados del siglo XIX y en donde nació María, concretamente en su capital Manila.
José María de Urquijo, capitalista, político y abogado era persona de gran prestigio en la sociedad vasca, destacando por su defensa del catolicismo y por su generosidad en obras sociales. En 1901, siete socios fundadores de los que cada uno aportó la cantidad de 25.000 pesetas para su puesta en marcha, lanzan a la calle el periódico "La Gaceta del Norte", diario que durante muchos años figuró a la cabeza de la prensa vasca. Inicialmente José María de Urquijo ocupo el puesto de Gerente y José Ortiz el de Secretario del Consejo, siendo el su primer director José María Maruri.

Llegados a este punto atendamos ya al nacimiento de nuestra protagonista Belén Ortiz de Urquijo.
Ya hemos comentado que la familia vivía regularmente en una casona en el pueblo de Gordejuela, pero el matrimonio disponía también, en arrendamiento, de una vivienda de características normales en el centro de Bilbao a fin de tener un "apeadero" desde donde poder realizar con más comodidad las gestiones que había que desarrollar en la capital. Pensemos que a principios del siglo XX no se disponía de las facilidades de comunicación que hoy están al alcance de cualquiera.
Esta vivienda estaba situada en las proximidades de la Gran Vía, en la calle Astarloa, número 3; un sitio de excepción para el uso a la que se le destinaba. Y no cabe la menor duda de que el nacimiento de una hija en el centro de Bilbao, con todos los medios -aunque fueran de aquella época- a su rápido alcance eran preferibles al nacimiento en un pueblo pequeño, por más precauciones que se pudieran tomar para que todo llegara a buen término.
A la derecha de estas líneas podemos ver la partida de bautismo de Belén, documento que puede ampliarse a su tamaño original simplemente pulsando sobre la imagen.
Para aquellos que prefieran no perder su tiempo descifrando antiguas caligrafías les diremos que el documento acredita que Belén nació a las tres de la madrugada del día diez de marzo del año 1909, en una vivienda de la segunda planta de la calle Astarloa, número 3 y que en la pila bautismal se le impusieron los nombres de María, Belén, Concepción y Josefa.
También nos enteramos de que era hija legítima de José de Ortiz -comerciante- y de María de Urquijo, que sus abuelos habían nacido en Gordejuela, en San Luis de Potosí, en Amorevieta (con V) y en Filipinas. Todo ello avalado por Don Juan Bautista de Garay, coadjutor de la Iglesia Parroquial de San Vicente Mártir.
Los archivos parroquiales fueron cuidadosamente preservados y mantenidos a través de los años, pues en el margen izquierdo del documento podemos ver una nota que dice literalmente "Contrajo matrimonio con D. Alfonso Pérez de Guzmán y Salabert en S. Jerónimo el Real, de Madrid, el 21-III-1953". Nada podía ser más cierto, como acredita el Certificado de Matrimonio que ya conocíamos de la entrada "Conde gris sobre fondo obscuro", pero que volveremos a reproducir un poco más abajo, para que pueda ser analizado en detalle por aquellos que así lo deseen.

¿Como fue la vida de Belén en los primeros decenios de de su vida?
No tenemos absolutamente ninguna referencia sobre ello, pero cualquiera puede imaginarla si lee o consulta las numerosas publicaciones que existen sobre la burguesía industrial vasca al inicio del siglo XX.
Volvemos a encontrar a Belén en una situación bien distinta, situación a la que podríamos calificar de cualquier forma menos la de agradable.
Ya habíamos comentado que José Ortiz y Muriel tenía ideas favorables al nacionalismo vasco, moderadas pero claramente nacionalistas. Esto le debió llevar, por las causas que fueran, a ser cuando menos investigado por el bando contrario. La ciudad de Bilbao y su comarca cae en poder de las tropas del General Franco en el mes de junio de 1937 y pocos mese después se pudo leer en el Boletín Oficial del Estado la requisitoria reflejada en la reproducción que acompaña a estas líneas.
Significamos que estos hechos suceden cuando Belén ha cumplido ya los 29 años.

Sea como fuere, parece ser que la grave acusación de "actividades antipatrióticas en relación con el Movimiento Nacional" realizada, curiosamente, contra la totalidad de los miembros de la familia debió resolverse sin consecuencias particularmente graves. Seguramente la amistad que José Ortíz Muriel mantenía con elementos católicos y tradicionalistas como José María de Urquijo debieron ayudarle en gran manera a superar este amargo episodio.
Terminada ya la guerra civil y dejando pasar unos pocos años, hasta 1942, en la que Belén ha cumplido ya los 33 años y ya no es una jovencita (nos negamos a emplear la palabra "solterona" que es la que posiblemente le hubiera dedicado la machista sociedad española de la posguerra), nos encontramos a nuestra protagonista conociendo al VII Conde de Torre Arias en la celebración de la boda con la que hemos abierto estas ya largas páginas.
De lo que fuera la relación entre Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno y Belén de Ortiz y Urquijo durante estos años pueden ser validas todas las hipótesis. La más plausible es que un simple conocimiento derivara en amistad y esta en "amistad especial", dadas las malas relaciones que el VII Conde de Torre Arias mantenía con su esposa Anna Seebacher. Pero esto son solo suposiciones, simples suposiciones.
Lo cierto es que Anna Seebacher fallece en abril de 1951 y que apenas dos años más tarde, en marzo de 1953, Alfonso y Belén contraen matrimonio en un momento en que ya vivían juntos en la casa de Martínez Campos 25, como acredita el Certificado de Matrimonio que nuevamente incluimos en estas páginas y que puede ser contemplado en su tamaño original simplemente pulsando sobre su imagen.
Al momento de su matrimonio Belén ha cumplido ya los 44 años y es "soltera" y de profesión "sus labores". Parece ser que lo normal en aquella época.

De su relación con el VII Conde de Torre Arias apenas conocemos detalles. De la época previa al matrimonio solo la poca simpatía que la habían profesado tanto Tatiana como su marido Julio Peláez hasta el extremo de abandonar la casa familiar de Martínez Campos 25 para irse a vivir a la Quinta de Canillejas, al curioso bungaló que ya conocemos, hecho que sucedió al ocurrir en 1951 el fallecimiento de su madre Anna Seebacher.
Este inicial y calculado distanciamiento por parte de Tatiana se transformó en profunda animadversión al conocer el nuevo matrimonio de su padre. Recordamos aquí también la orden que Tatiana (convertida súbitamente en "hijastra" de Belén) dio al guarda de la Quinta de Canillejas, orden que ya ha sido previamente comentada: "que esa señora no traspase jamás esta puerta".
Belén se encuentra totalmente aislada, unida a un Conde cada día más asocial y huraño, y pocos años después de celebrase el matrimonio le abandona y regresa a Bilbao, sin que podamos precisar en que fecha.
En 1977 fallece el Conde y alguna persona, ya muy anciana, que estuvo presente aquellos días en la casa mortuoria no recuerda su presencia en el duelo.
No obstante Belén en la esquela de Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno, su marido, figura en primer lugar como "excelentísima señora", como marquesa viuda de Santa Marta y como condesa viuda de Torre Arias. Triste consuelo para una más que posiblemente amarga y frustrante experiencia matrimonial.
Pero Belén seguía siendo la esposa del fallecido y de no haber existido algunas muy especificas capitulaciones matrimoniales (muy poco frecuentes en las fechas de su matrimonio), la viuda tenía derecho en la herencia del marido, como mínimo, al usufructo del tercio de mejora. Dada la fortuna del Conde esta renta alcanzaría una cantidad considerable. Por tanto es más que posible que entre ambas mujeres hubiera una posterior negociación para capitalizar dicho usufructo, percibir Belén una importante suma en una sola vez y poder desaparecer de escena de forma definitiva. Pero esto también, como muchas otras cosas son solo suposiciones, suposiciones lógicas sin duda, pero solo suposiciones.

Es curioso que de las “tres esposas” del VII Conde de Torre Arias, dos verdaderas y una tercera falsa y fruto de una burda manipulación, solo conozcamos una imagen de la tercera, de la “falsa”. El triptico que figura a la izquierda de estas líneas deja constancia de ello; enigmáticos perfiles de Anna Seebacher -la suizo alemana- y de Belén Ortiz -la española- y sonriente y vital fotografía de Alicia Muguerza -la ecuatoriana-.
Pero así es la vida, con demasiada frecuencia lo verdadero permanece en la obscuridad y lo falso luce en la superficie.
torrearías.org no ha logrado, a pesar de numerosas investigaciones, tener ningún tipo de detalle sobre la posterior vida de Belén, ni de donde están depositados sus restos mortales. Sí podemos afirmar que no se encuentran en el panteón familiar de los Santa Marta en el cementerio Sacramental de San Isidro, en Madrid, posibilidad a la que legal y familiarmente sin duda hubiera tenido derecho.
En definitiva Belén de Ortiz y Urquijo fue una sombra más, tan obscura como casi todas las que se cruzaron por la vida del VII Conde de Torre Arias… "Un Conde gris sobre fondo obscuro".